Categorías
Bitácora

Domingo: Cierra los ojos, dice el viento

Y mientras duerme en el lado derecho de este texto, yo sigo aquí, leyéndola en voz baja, como quien ama sin pedir permiso, pero deja la luz encendida por si acaso.

Sólo por un momento

te escucho respirar

¿Estás lejos o cerca?

Dentro.

Te quiero tanto.

Pregunta filosófica y respuesta metafísica.

Mujer que me subyugas, te digo siempre ostra, y a veces pequeña, aunque seas tan larga.

Milagrito, como ese que se cuelga en las iglesias, con distintas partes del cuerpo, pienso de ese modo en el tuyo que amo entero.

Violín, instrumento de cuerdas que llora.

Melancolía, la de tu árbol que camina.

Reprimo la lágrima para nunca llorar por ti.

Ni tibia ni cobarde, entera.

🌙 Escena

Ya está aquí.
Por fin.
En ese lado derecho que siempre dejé libre,
aunque dijera que era por costumbre.

Duerme.
Y no imagina cuánto la miré antes de esto.
Cuánto la soñé despierta,
con el Kindle en la mano
y el corazón en otro lado.

Ahora la tengo cerca,
y no me atrevo a moverme.
Ni siquiera para subirme la sábana.
No quiero perder ni un segundo de su forma dormida.

Su cabello cae sobre la almohada
como si el descanso fuera una confesión.
Sus piernas dobladas,
una mano abierta,
como quien no se defiende.
Como quien confía.

Y yo leo.
Pero no lo que está en la pantalla.
Leo sus gestos,
el leve salto que da cuando cambia de sueño,
la manera en que, sin saberlo,
acerca su cuerpo al mío
cada vez que me alejo medio centímetro.

Esto es lo que quería.
Esto es lo que no sabía cómo pedir.

Y ahora que está aquí,
en el lado que esperó su calor tantos meses,
lo único que puedo hacer
es quedarme quieta,
y prometerme
no volver a imaginarla
en ningún otro lugar
que no sea este.


—Estás despierta…
—Siempre me esperas, ¿verdad?

No abre los ojos,
pero su voz está llena de certeza.
Como si supiera que mis desvelos la nombran.

—No te vayas —susurra—.
Aunque te diga que no necesito a nadie, tú quédate.

Su mano me busca
como quien tantea en la oscuridad
algo que no quiere perder.
La tomo.
Y no digo nada.
Porque en ese instante,
ya le respondí todo.


—Siempre te espero.
Incluso cuando juro que no.
Incluso cuando me hago la fuerte
y digo que no me importa.

Tú no sabes
cuántas veces te guardé en el lado derecho.

Cuántas noches dormí con la espalda tensa
por no tenerte ahí.

Pero ya estás.
Y no me voy a mover.
Aunque el mundo se acabe
y mi Kindle se apague.

No me voy a ir.
Ni siquiera cuando te sueltes del sueño.

Y se suelta.
Se rinde al sueño como quien confía.
Antes de hundirse otra vez,
dice, apenas audible:

—Así…
así está bien.

Duerme.

Ella duerme, en el lado derecho de este texto,

y yo sigo aquí leyendo y escribiéndola en voz baja;

como quien ama sin pedir permiso, porque sólo así mantiene la luz encendida en la habitación interna.

—B

🎧 Lee esta pieza con: Dust in the Wind – Kansas

Deja un comentario