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Arte Moderno

El laboratorio secreto de Remedios Varo

Hoy, en este día de octubre, no se muere Remedios Varo.
Hoy se abre otra vez su taller invisible.
Donde las paredes respiran y el té se prepara con hilos de luna.
Donde una mujer-dragón mezcla pigmentos con la misma paciencia con la que se fabrican los vínculos.
Donde los gatos escuchan sin hablar, y las escaleras no llevan a otro piso, sino a otra posibilidad.

Remedios no pinta: trama. Con hilos de aire, con mecánicas del alma, con secretos que se revelan solo a quien sabe mirar.
Yo la celebro porque alguna vez soñé que era una de sus figuras: sentada en una barca que no flota en agua, sino en recuerdo.
Y porque sus mujeres no temen a los instrumentos ni a la introspección.
Inventan. Mezclan ciencia con magia, deseo con ciencia ficción.

En este rincón del calendario donde se registró su muerte, yo quiero registrar otra cosa:
la persistencia de su lenguaje.
La forma en que seguimos mirándola no solo como artista, sino como cómplice.
Ella supo lo que era vivir como extranjera en una tierra de hombres, y aún así construir con ellos instrumentos para volar.

Gracias, Remedios, por enseñarnos que se puede habitar el exilio como un taller.
Que las pérdidas se pueden procesar como fórmulas.
Que los silencios, si se cuidan, dan lugar a nuevas especies.

Hoy te pienso como lo que fuiste:
una mujer que no huyó del misterio,
sino que lo convirtió en método.

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