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Y escribo

El sol se alza… y yo pienso en Arrakis

El cielo empieza a abrirse y no hay ruido todavía. Solo luz nueva, como si el día se disculpara por llegar tarde. Estoy sentada frente al amanecer, pero no estoy del todo aquí.
Pienso en Arrakis.

Pienso en ese planeta imposible, donde cada grano de arena guarda un secreto, y el sol no perdona a nadie. Donde el cuerpo se vuelve resistencia y el agua, sagrada.
Y de pronto, este amanecer tiene sabor a especia.
La luz atraviesa el aire con la lentitud de una profecía, y yo me dejo habitar por ese calor seco, por la tensión de no saber si todo es sueño o visión.

Respiro.
Y en lugar del rocío, imagino el polvo rojo.
En lugar de los pájaros, el silencio del desierto antes del gusano.

No sé por qué hoy pensé en Arrakis. Tal vez porque también yo tengo miedo, o fe.
O porque hay días en los que el amanecer parece una prueba:
una promesa que todavía no se cumple,
pero que se siente…
tan cerca.

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