Hay días que pesan y otros que solo destellan —y todos caben en mí.
La bolsa grande
No sé en qué momento me volví esa mujer que necesita una bolsa grande.
Antes podía salir con lo mínimo, una cartera pequeña, el teléfono y las llaves.
Ahora no.
Ahora llevo un libro —a veces dos—, mi libreta, una botella de agua, los audífonos, una barrita, un perfume pequeño, un bálsamo, los pendientes del día anterior y algún recibo que no quiero enfrentar todavía.
Me gusta esa sensación de que ahí dentro va mi pequeño mundo.
La bolsa grande se volvió una extensión de mí: una mezcla de refugio, caos y consuelo.
La cargo en el hombro como quien se acompaña a sí misma.
A veces me río, porque es tan de señora eso de necesitar espacio “por si acaso”.
Pero también hay algo tierno en eso: saber que quiero estar preparada, no solo para lo que venga, sino para seguir siendo quien soy en medio del día.
Y sí, es grande porque ahí caben mis libros.
Y yo ya no salgo sin ellos.
La bolsa pequeña
Compré una bolsa pequeña para simplificar.
La idea era linda: dejar de cargar el teléfono en la mano, llevar solo lo esencial.
Llaves, cartera, lip therapy y un gloss —por si acaso.
Pero apenas la estrené, ya estaba intentando meterle un cepillo, la crema para peinar, un chicle, el perfume y la fe.
Y claro, el celular terminó regresando a mi mano, como si no pudiera estar en ningún otro lugar.
Supongo que la bolsa pequeña es un intento de orden que se rinde ante la realidad de ser yo.
Porque me gusta la idea de lo mínimo, pero también me gusta sentir que todo está cerca,
que puedo retocar el brillo o el ánimo si hace falta.
Así que ahí voy: medio Libra, medio caótica,
con la bolsa cerrando a la fuerza y el teléfono en la mano,
como un accesorio más del día.
Lo que cargamos
A veces creo que entre la bolsa grande y la pequeña se mide mi manera de estar en el mundo.
Entre lo que quiero llevar y lo que puedo soltar.
Entre el refugio y la ligereza.
Quizá en eso consiste esta edad: en aceptar que necesito ambas.
Una para guardar mis días,
y otra para recordarme que sigo siendo libre de dejarlos ir.
