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🩵 2. Durabilidad: la vida de un pantalón favorito

Tres años después, el pantalón favorito se jubila.
Y aunque parece solo una prenda, hay algo en ese adiós que duele un poco.
La mezclilla guarda la forma del cuerpo como si fuera memoria:
los dobleces, el roce de los muslos, la curva que se hizo propia con el uso diario.

La mezclilla no envejece mal.
Se desgasta con elegancia, como las cosas que han vivido mucho.
Cada lavado deja un trazo, cada jornada deja una marca sutil.
Por eso, cuando finalmente se despide, no es un desecho:
es una reliquia cotidiana.

Duró tres años, y los tres están ahí:
en las rodillas suavizadas,
en los bordes pelusientos,
en la tela que aprendió mi forma y se rindió al fin.

Jubilar un pantalón de mezclilla es cerrar un ciclo.
No se tira: se agradece.
Porque en su fibra quedó el ritmo de nuestros días,
y ese tipo de huella, amiga, no se borra con nada.

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