Hay temporadas que llegan como un relámpago.
Y otras —como Capricornio— que entran sin avisar, cerrando la puerta con cuidado.
Capricornio no grita.
No seduce con promesas inmediatas.
No se derrama.
Capricornio sostiene.
Es la temporada de los pasos pequeños que no parecen nada, pero lo cambian todo. De las decisiones que se toman en voz baja. De las renuncias discretas. De elegir lo que duele menos ahora para doler menos después.
Mientras el mundo insiste en moverse rápido, Capricornio nos susurra: quédate un poco más contigo.
No es una energía espectacular.
Es una energía honesta.
Durante estas semanas, algo dentro de nosotras quiere ordenarse: los horarios, las emociones, los vínculos, las expectativas. No para volvernos duras, sino para volvernos habitables.
Capricornio no es frialdad.
Es amor que aprendió a protegerse.
Es entender que cuidar un sueño también implica dormir temprano. Que amar a alguien también puede ser dejarlo ir. Que la disciplina, cuando nace del respeto propio, es una forma elegante de ternura.
Tal vez por eso esta temporada se siente distinta: menos euforia, más verdad.
Si estás cansada, no es debilidad.
Es señal de que llevas tiempo siendo fuerte.
Si hoy no puedes con todo, no estás fallando.
Estás aprendiendo a elegir.
Y eso, aunque no luzca en redes, es una forma muy profunda de belleza.
Que esta temporada te encuentre construyendo algo que no necesite ser explicado.
Lento.
Firme.
Tuyo.
♑✨
