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El Viaje de la Semilla: Amor y Desapego

El imperio del Sol nace en el oriente en el país más poblado del mundo; su poesía recoge esta batalla elemental entre quien acepta el destino, quien lo rehuye, lo desatina y finalmente lo vive.

Sembrar no es plantar sino esparcir, y en ese arrojo hay una sola voluntad, la del viento, ese que del Sol escapa para brindarnos el calor del que surge toda vida.

Agua sube y también baja; ciervos dorados son esos rayos que aparecen para revelar color y que no son ilusión sino iluminación: amar demasiado es siempre muy poco. Hermanar y sobre todo apasionar es el único destino que conoce un hombre que digna llamarse Rey.

No puedes contar con la proximidad física de alguien a quien amas todo el tiempo. Una semilla que brota al pie de su árbol madre permanece atrofiada hasta que es trasplantada. Rama estará a mi cuidado y estará muy bien. Pero, al final, él también me dejará. Cada ser humano, cuando llega el momento, debe partir para buscar su plenitud a su manera.

— Valmiki, «El Ramayana»

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