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Orgullo

Se camina para simbolizar el largo y aún penoso recorrido de la indiferencia al conocimiento. Del rechazo a la aceptación, del crimen al derecho. Del odio al amor.

Caminar es una de las maneras de la felicidad, también una de las vías para alcanzar la iluminación, todo lo cual me viene a la mente al rememorar la XIX marcha del orgullo de Nayarit, la cual se llevó a cabo el pasado 10 de junio, teniendo como punto de reunión y partida el asta a la bandera de la Universidad Autónoma de Nayarit, comenzando a las 5 p.m.

Las banderas multicolor se despliegan y luego al ras del piso ondean, simbolizando una horizontalidad buscada y proyectada, que no parece ya más sólo un sueño inalcanzable, sino una realidad que experimentan y por la que luchan muchas personas en este país que es el NUESTRO.

Espero a que comience la marcha y me incorporo con los últimos, que se sabe están llamados a ser los primeros. Camino, escucho, pero sobre todo observo. Mis ojos vagan entre un mar de personas, colores, expresiones, sensaciones, un coro de algarabía que musicaliza esta caótica capital. Un paisaje sonoro vivo y fresco.

Me inspiran los jóvenes pero también los mayores, pionerxs de un movimiento que hace 20 años era condenado, denostado, violentado y perseguido, y que con las luchas que esta marcha reúne y simboliza, avanza, aunque intenten detenerle.

Se camina para simbolizar el largo y aún penoso recorrido de la indiferencia al conocimiento. Del rechazo a la aceptación, del crimen al derecho. Del odio al amor.

Se camina también como un retorno a la infancia que siempre debió ser: libre y feliz.

Cae la tarde en Tepic y un nuevo Sol, más amable, se derrama sobre todos como desde el principio fue su intención, con cada haz conteniendo cada color.

El mundo no está cambiando. El mundo ya cambió. Sigamos cambiando y caminando.

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