El primer libro que leí de Virginia Woolf fue las Olas.
Como el golpe de una ola; como el beso de una ola; fresco y penetrante, y sin embargo (para una muchacha de dieciocho años, que eran los que entonces contaba) solemne, con la sensación que la embargaba, mientras estaba en pie ante el balcón abierto, de que algo horroroso estaba a punto de ocurrir
Clarissa Dalloway está hundida en el pensamiento porque prefiere los hombres a las coliflores.
Olvida y así también elige y sujeta, la elección con la que arranca la novela.
Londres y un instante: junio.
El matutino gris azulado el de un Londres que deja atrás a la Guerra pero no a los que murieron en ella.
Paseos por la ciudad distinguen y modernizan la religión por la naturaleza.
Pensar es también preguntar, y recordar.
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El amor que nunca fue y por eso todavía es:
la muerte que no se anuncia pero siempre llega.
Persistir o existir: transformarse
Derramada sobre las cosas amadas y también las conocidas, públicas todas, además.
Estoica por experimentada, una Europa siempre lejana y ya desde entonces Moderna.
¿Meditando entre vegetales?
¿Pensar o escribir?
Recordar y anotar.
La voz humana, el bullicio de la ciudad, el canto de nuevos grillos:
Avionetas dibujando mensajes: PUBLICIDAD.
Una mujer mira, piensa y siente, pero también registra y escribe.
NACE LA MODERNIDAD.
¿Qué importa el cerebro comparado con el corazón?

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Briseida Alcalá
Detrás de mí están mis libros, detrás de mis libros estoy YO.
Busco siempre la aventura del color, el aroma y el sabor.
