Tenía años sin usar delineador. No por falta de ganas, sino por la simple y terca incomodidad de sentir los ojos irritados a los cinco minutos. Pero algo cambió. O mejor dicho: volví, esta vez con más suavidad.
El Clinique Quickliner for Eyes Intense en el tono 05 Intense Charcoal me convenció de volver. Tiene ese gris profundo que no endurece la mirada, pero sí la subraya. Lo elegí porque tenía diseño doble (una punta para aplicar y otra para difuminar), y eso, para alguien que no quiere perder tiempo ni precisión, es oro.
La textura es cremosa, se desliza con una facilidad que casi emociona, y lo mejor: no irrita. Lo digo como alguien con ojos sensibles y paciencia justa.
El pigmento dura, resiste bien el día y no se corre con cualquier emoción (ni con el calor de Nayarit). Lo he usado de forma sutil o más marcada, y en ambos casos me devuelve una parte de mí que había dejado en pausa.
A veces un delineado no es solo un delineado. Es volver a una parte de ti que creías superada, pero que solo estaba esperando una versión más amable para regresar.
