El puré Vitamin C10 cae sobre mis dedos con una textura ligera pero densa, como un pequeño sol concentrado. Al extenderlo, la piel lo absorbe despacio, dejando un resplandor húmedo, casi eléctrico. Hay un aroma sutil, cítrico, fresco, que despierta los sentidos antes de que la piel se ilumine de manera visible. Cada gota cuenta; cada gota parece dibujar un brillo nuevo, un microdestello de cuidado que se queda conmigo mucho después de aplicarlo.
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Hasta la última gota.
El puré Vitamin C10 cae, se extiende, se absorbe… y deja un brillo que solo la piel puede recordar. Cada gota cuenta.
