Un filete de salmón.
Una tarde en calma.
Y esa intuición de que el equilibrio se encuentra entre lo dulce y lo salado.
Ingredientes
- 1 filete de salmón fresco
- Jugo de media naranja
- 2 cucharadas de miel de maple
- 1 cucharadita de jengibre fresco rallado
- 1 cucharada de soja (salsa de soya)
- Un toque de aceite de oliva
- Pimienta recién molida
Preparación
- En un tazón pequeño, mezcla la miel de maple, el jugo de naranja, el jengibre y la soja.
El aroma del cítrico y el jengibre abre el apetito antes de empezar. - Calienta una sartén antiadherente con un poco de aceite de oliva.
Coloca el salmón con la piel hacia abajo, deja que se dore y se vuelva firme. - Vierte el glaseado sobre el pescado.
Deja que burbujee y se reduzca, cubriendo la superficie con ese brillo ámbar y perfumado. - Cocina unos minutos más, solo lo justo para que el centro quede jugoso.
Sirve con arroz jazmín o verduras al vapor.
Y deja que el contraste haga su trabajo:
dulce, ácido, umami, limpio.
Un plato para comer despacio,
porque el tiempo que toma el fuego también lo toma la calma.
