Suena Amnesiac
y el mundo pierde los bordes.
Las calles parecen más largas,
las luces más lejanas,
como si alguien hubiera borrado una parte de la historia
y me hubiera dejado caminar entre los espacios vacÃos.
No es tristeza.
Es otra cosa.
Es la sensación de reconocer un lugar
sin recordar cuándo estuve ahà por última vez.
La canción avanza despacio,
como un pensamiento que se niega a convertirse en palabra.
Y yo la sigo,
sin prisa,
como quien entra a una habitación oscura
confiando en que sus ojos terminarán acostumbrándose.
Hay discos que acompañan.
Amnesiac no acompaña.
Amnesiac observa.
Se sienta frente a mÃ
y espera en silencio
a que recuerde algo que creÃa perdido.
Cuando termina,
no sé si estoy más cerca de una respuesta.
Pero sà sé que algo se movió.
Y, a veces, eso basta.
