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Encuentro anual (MCCM)- Cata cervecería Pachuca

El encuentro anual de Mujeres Catadoras de México se llevó a cabo este año en la ciudad de Pachuca, Hidalgo y arrancó con una primera cata de cervecería Pachuca en las instalaciones de Möwe Biergarten.

Guiada por su maestro cervecero, Guillermo González, la cata resultó un lujo al ser él personalmente quien eligió cada uno de los estilos, que originalmente serían tres y decidió generosamente añadir un cuarto, los cuales explicó también él mismo.

La primera cerveza fue una Hazy IPA: fragante y nebulosa; frutal, cítrica, herbal y también resinosa; resultó excelente para esa tarde calurosa que nos regaló una ciudad típicamente fría y bien llamada «airosa».

La cervecería, nos comentó Guillermo no embotella y sólo sirve de draft, asegurando de ese modo entregar toda la calidad lograda en el proceso de elaboración, y es reconocida por estilos gustados y premiados como la nitro Porter, la cual emula la impresión que le causó a Guillermo un cold brew de ensueño, y que se elabora con café de Oaxaca lavado que es el protagonista definitivo, con el nitrógeno añadiendo tersura de terciopelo al trago y se conjuga para ofrecer una cerveza que es casi un café con leche: aromática, tersa, casi dulce.

El vino de trigo constituyó un lujo que mostró las posibilidades infinitas de la cerveza, surgiendo como una variación de «Barley wine», parte de un proyecto de cerveza de barrica que iniciaron hace dos años atrás, y que en este caso utiliza maltas de trigo para la mitad de la malta base y la totalidad de las de especialidad, que consisten en caramelo, chocolate y tostada; reposada en barrica de bourbón nos ofrece complejidad e intensidad aromática, con notas a madera, jerez, vainilla, nuez, dátil, caramelo, piloncillo, cáscara de naranja, las cuales son antesala de la impresión en boca: alcohólica de la mejor manera, sofisticada y también interesante, cuestionándonos al beberla para descifrarla y disfrutarla.

El final feliz lo brindó una Kettle sour con garambullo, lactosa, vainilla y grano, comunicando en el uso de la baya el orgullo local, al utilizar frutas endémicas, que le brindaron exotismo y que encontró su hogar en esas notas ácidas que brinda el lactobacilo, retando y maravillando a los que carecíamos del referente y que con asombro buscábamos identificar como fresa, frambuesa, sandía.

El agregado logra además el embrujo de toda cerveza roja, que hechiza con notas a uva y también maracuyá, ofreciéndose casi como un curado de pulque, equilibrado gracias al uso de lactosa y vainilla. Hermosa y deliciosa.

La libreta oficial fue la mejor compañera de la cata, ofreciendo un diseño cómodo, práctico y con estilo para la toma de notas, complementada con adorables stickers y un separarador de libros alusivo. Me encantó.

Concluyo agradeciendo al encuentro la ocasión de aprender y sobre todo comprender las cervezas desde la mente de su creador, acercándonos más a la mística de la bebida ancestral, que nos enseña también lo fácil que es ser feliz cuando se bebe buena cerveza. ¡Salud!

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