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Los sueños de Quevedo: sátira barroca, juicio moral y visiones del inframundo

Quevedo no escribe solo desde el juicio, sino desde la carne dolida del mundo. En Los sueños, viaja por el infierno y la muerte para mostrarnos cuán vivos están los vicios. Esta entrada revisita sus visiones barrocas desde el lenguaje, la ironía y el desengaño.

Visitante del infierno, testigo del Juicio final, entrevistador de un poseso, interlocutor del desengaño y huésped privilegiado de los dominios de la Muerte, Quevedo transita el inframundo para testificar lo cerca que estamos del averno: persistimos en él.


El libro recopila 5 textos conformados en la forma de una visión sobrehumana que es forma y fondo de un ejercicio excelso de imaginación y un testimonio invaluable de la moral de la época, en la que saltarán como guijarros la xenofobia y la misoginia. Momentos que habrán no de excusarse sino de concebirse como nociones propias de un arcaismo que no le sujeta para pintar el retrato exuberante e inusitado de una parca que desmiente su rostro enjuto.

Doctrinario pero no aleccionador, el texto está plagado de alegorías y figuras humorísticas, en las que el lenguaje es componente y vehículo de un ingenio determinado a señalar y refutar los atavíos que disfrazan de virtud el vicio; catálogo de falsedades e hipocresías que corrompen, condenan y sofocan a los hombres.

Docto y ducho, el autor derribará la fugacidad y la bagatela de sus encumbrados pedestales, restituyendo el galardón de lo eterno contenido en la decencia, el pudor y la integridad.

Soñar cuando se hace de esta manera es sobre todo despertar. 

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