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Solaris

Un encuentro imprevisto amenaza la continuidad de la exploración del océano Solaris, ente pensante que investiga la estación espacial del mismo nombre.

Para aclarar la situación y establecer un diagnóstico de las condiciones de sus tripulantes, el doctor en psicología, Kris Kelvin es seleccionado para viajar a la terminal y determinar el supuesto punto muerto que han alcanzado, su dictamen decidirá  el cese de operaciones o su continuidad.

Al poco tiempo de su arribo experimentará en carne propia las alucinaciones descritas por uno de los tripulantes en la figura de Hari, su ex-mujer, muerta hace 10 años, quien forma parte de los visitantes, nombre que desgina la materialización de las inquietudes de cada conciencia, forzándolos a lidiar con la inestabilidad desconocida de la materia.

El guión, basado en la novela homónima de Stanisław Lem examina aspectos fundamentales de la existencia humana: inmortalidad, amor, conocimiento, la noción del infinito. Sin descuidar el aspecto cerebral del conflicto, Tarkovsky se aboca al aspecto sentimental del dilema establecido desde ese momento para Kelvin, quien tendrá que conocer a las reencarnaciones de Hari, quien constituida por partículas inestables llamados neutritos es capaz en la atmósfera del planeta de regenerarse indefinidamente, para regresar ni otra ni la misma. 

El director modela el tiempo con la lentitud propia de la eternidad, la repetición insoportable que desde su origen no deja de aplastar a los hombres. El círculo, la forma de lo inabarcable se presenta en la configuración de anillo de la nave, en la linealidad de la historia y en movimientos de cámara que recorren con fluidez el pasillo central hasta terminar en el punto de origen.

Solaris representa la nueva dimensión inaccesible de la divinidad, la naturaleza, el cosmos. la materialización del éter, el universo. Comprensión y conocimiento forjados y forzados en un estudio humanista del universo.

El océano, organismo inteligente, exhibe compasión o crueldad ante los hombres. Planos generales del abismo acuático dialogan con el estado emocional de los personajes, tiñendo algunas secuencias del ámbar que su niebla exuda.

La inmortalidad resulta inhumana en toda la acepción de la palabra, afanarse en comprenderla, destruirla, alcanzarla o perturbarla tendrá condiciones funestas para todos los implicados. El cosmos como la frontera última del conocimiento, ni rozada, menos rebasada en el sentir de la caricia que le proporciona un liquen. No la dejen ir. 

Si les interesa pueden verla en línea aquí. 

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