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Rosario Castellanos y su análisis de la infancia y la memoria | ‘Balún Canán’

… Y ENTONCES, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria.

ROSARIO ALICIA CASTELLANOS FIGUEROA

TODO ES MEMORIA EN MÉXICO

Un país que atraviesa la dolorosa infancia para llegar, por fin, a la adolescencia.

7, el número divino, es el también la cantidad exacta de años de la niña que comienza a narrar esta, su historia.

Rosario Castellanos enlaza la desgracia personal con la nacional en su espléndida primera novela, Balún Canán.

La protagonista es una niña que crece en crece en Comitán, en medio de un país que está como siempre, el mismo, y a punto de cambiar, al cuidado de su nana, una mujer vigorosamente indígena que afianza en la memoria, como los mejores de su estirpe, una historia que no logran borrar ni la sangre ni los atropellos.

César, el padre, es un ejemplar modelo de la casta de los patrones, perteneciente a un linaje ilustre que ve afectada su fortuna por las reformas agrarias que exigen el reparto de tierra y la educación de los indígenas. Con esta hecatombe en ciernes, se traslada con su mujer e hijos a Chactajal, la hacienda familiar, para intentar salvar su patrimonio. Dicha estadía, relatada en la segunda parte por un narrador omnisciente, otro de los méritos estilísticos del texto, despliega el sendero a una existencia mística que en rincones como ese es tan escalofriante como real. 

Ubicada durante la infancia de la autora, en su natal Chiapas, la narración enfoca desde el fresco enfoque de lo regional el conflicto primordial de lo mexicano, la escisión original de una nación ni indígena ni ibérica, para que afloren la incomprensión, el abuso, la desigualdad y el racismo, incitados por la credibilidad otorgada a superstición y fanatismo.

La existencia de marcado segregacionismo evidencia sus particularidades en un cruce en el lenguaje, las costumbres, los nombres, la crianza, los hábitos, la ingesta. El sincretismo, pronto aprendemos, es sólo aparente.

El lenguaje es poético, pero sobre todo culto y por eso verdadero, las imágenes de los padres, son esas que ocurren en contrapicado, titanes que se yerguen sobre la testa propia para aventurar lo que nos espera: crecer.

El árbol sagrado es también el sospo, esa maravilla de la tierra caliente también llamado Framboyan, ese gigante que, como la madre, se yergue, para florear hermoso cada primavera. A ras del suelo los niños son como arbustos.

Una sabelotodo

Nacer niña es una condena y por eso una bendición, portar en sí el cromosoma doble es confirmar la posibilidad de recibir vida y duplicarla.

«En el momento que se descubre la vocación. yo supe que la mía era la de entender«.

ROSARIO ALICIA CASTELLANOS FIGUEROA

Explicar el mundo para desfigurarlo y luego reconstruirlo. Es negar el privilegio para afirmar el origen

«—Te vas a volver india«.

En el subsuelo aún hierve el fuego de la cultura milenaria, revolviéndose en el ajuste de cuentas de enconos que son gemido y lamento que el viento recoge y repite. 

Con tintes autobiográficos, la novela es también una larga, sentida y hermosa apología a la memoria de Mario, su hermano menor,  cuya muerte se cuela desde entonces en la memoria de la autora, como un golpe duro y brusco, mezclado con

el sentimiento de fatalidad y culpa que influye la declarada preferencia materna sobre el varón.

Tener vergüenza es mirarse pero no reconocerse; es mirar, pero nunca ser mirada.

«Yo escogí, desde el principio, la palabra meteoro«.

Saberse Titán y mirarse pequeña, acudir a la escuela para encontrarse con la caótica confusión de la post-revolución y aprender que el padre recibe un termino injusto: cacique

La diferencia no se marca se vive, separa, lastima, llaga y supura.

«—Es malo querer a los que mandan, a los que poseen. Así dice la ley«

La sensibilidad empuja a la huída y también a la reclusión, a ponerse del lado de los que menos tienen.

Toda la infancia transcurre como una espera y también como un aprender de la desilusión. No es la inteligencia la que condena sino el género.

«No es tiempo de diversiones, niña. Siente: en el aire se huele la tempestad«.

El animal que se agita no es otro que el de la igualdad, el del México del siglo XX que Rosario Castellanos, escribe, vive y de ese modo también crea.

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Bela Risa Cálida

Briseida Alcalá

Detrás de mí están mis libros, detrás de mis libros estoy YO.

Busco siempre la aventura del color, el aroma y el sabor.

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